Aula Animal

Ha llegado a nuestras manos el libro «Cuentos chinos de la economía y otros chascarrillos para acabar con el sistema» que consideramos interesante por dos motivos. En primer lugar sus métodos didácticos se apoyan en cuentos infantiles haciendo que las ideas sean más fáciles de entender y las clases más amenas. En segundo lugar da una visión distinta de la que ofrecen los medios de comunicación de las grandes empresas y los libros de texto de la asignatura de economía.

En su tarea por fomentar un pensamiento crítico en el lector se cuestiona el sistema capitalista desde distintos ángulos, entre ellos, la falta de ética. Pero, ¿ofrecen estos economistas alternativos una opción ética coherente? Cuando hablan de «acabar con el sistema», ¿cuestionan todas las formas de explotación de nuestra sociedad o sólamente la explotación que sufrimos los humanos por parte del sistema capitalista?

De economía no tenemos nada que cuestionar a los autores, pero de ética… El libro trata el medio ambiente de dos maneras, en primer lugar como recurso que hay que conservar para que podamos utilizarlo y en segundo lugar habla de él como individuo que debe ser respetado, como si los ecosistemas tuviesen la capacidad de disfrutar y sufrir que tenemos nosotros. Pero tampoco es esa la crítica en la que nos queremos centrar sobre este enfoque «alternativa» del sistema productivo.

Los autores tienen una visión absolútamente antropocentrista y especista de la economía y la sociedad que queda reflejada en todos sus trabajos. Mientras a los ecosistemas se les atribuye románticas cualidades que no tienen, los animales -por el mero hecho de pertenecer a otra especie- son vistos por estos economistas anticapitalistas como productos que debemos saber gestionar de forma solidaria y con «valores más humanos«

Aunque, como hemos dicho el libro refleja una visión antropocentrista en cada una de sus páginas, pues parece que las víctimas de la visión competitiva de esta sociedad somos únicamente los humanos, hay un par de cuentos que son insultantes por la forma explícita que se hace de la explotación animal.

El famoso cuento de «Los tres cerditos y el lobo feroz» lo transfroman en «Los tres cerditos y el mercado feroz», con el fin de que el lector se cuestione aspectos tan importantes como el abaratamiento del despido y otros problemas cada vez más preocupantes. Lo triste es que este cuento que incluye frases como «¡¡Otro mundo es posible!!» y «¡¡Socialismo o muerte!!» empieza así: Érase una vez una familia de cerditos formada por el papá, la mamá y los tres cerditos. El papá era un prejubilado de Campofrío y la mamá trabajaba de administrativa en Navidul». Es curioso que este colectivo alternativo, frivolice con la situación de los cerdos e ignore sus intereses de forma exactamente igual que hacen esas mismas empresas que critican. Pincha en el enlace para ver un video de Campofrío que trata este tema. Y ahora pincha en el enlace para ver la situación de los cerdos en las granjas de Campofrío a través de este video.

Cuando en el cuento se dice eso de «¡¡Otro mundo es posible!!», es obvio que Econoplastas no pide otro mundo diferente para los cerdos que has visto en el segundo video. La visión que transmite este colectivo de los animales es idéntica que la que nos ofrece la industria cárnica. Para las empresas son productos a los que explotar de acuerdo con el planteamiento capitalista, para Econoplasts son productos a los que explotar con una visión económica diferente.

El segundo cuento es el de la Lechera. La lechera a partir de un cántaro de leche se dedica a especular con «productos» como huevos, pollos, cerdos, vacas, etc. No hace falta decir que el cuento no hace la más mínima referencia a la consideración moral de estos animales. A pesar de que en la contraportada del libro se advierte «leer este libro te hará pensar», está claro que quien lo ha escrito no ha pensado en absoluto en los animales. Afortunadamente en la misma contraportada dice «(…) La Economía, esa ciencia social que trata de mejorar la asignación de recursos escasos para satisfacer las necesidades humanas». Queda claro así que para ellos las únicas necesidades de las que preocuparse son las humanas y que los animales no humanos son «recursos escasos».

Hemos destacado este libro porque pretende ser alternativo y refleja de forma evidente cómo en los círculos supuéstamente alternativos, solidarios, asamblearios e igualitarios se dejan sistemáticamente de lado los intereses de los animales, por el simple hecho de pertenecer a una especie diferente. En Aula Animal creemos que es fundamental que colectivos que pretender transmitir unos valores de igualdad y respeto empiecen por cuestionarse sus valores especistas.

Los animales tienen capacidad de sentir exactamente igual que tenemos nosotros. Eso hace que tengan unos intereses en disfrutar de la vida y en no sufrir. Unos intereses que, quienes creemos en los derechos animales resumimos en uno solo: el interés en no ser tratado como un recurso.

Por ello no creemos que en la explotación animal debamos centrarnos en si los animales son tratados como recursos de una forma capitalista o de una forma socialista. No queremos «volver a la ganadería tradicional» ni apostamos por la «ganadería ecológica». Esta visión que fomentan grupos «alternativos» no es mas que una simple reforma económica, pues no cuestiona lo realmente importante, la visión de los animales como productos y no tiene en cuenta a las principales víctimas de la explotación animal, los animales.

3 respuestas

  1. NO pensar en absoluto en los animales forma parte de la nueva moda humana: Un poco vegetariano (a veces, no exageramos, verdad, que no somos extremistas), un poco bío-orgánico-écológico («yo conozco mi carnicero, es muy buen tío que quiere mucho a sus cerditos y es todo ecológico»), un poco fair trade («yo pago un poco más para mi carne, con placer, porque así sé que tiene buena calidad»), un poco más centímetros en las jaulas para la ilusión de «animales felices» («yo solo como animales que han vivido bien») y ya vale para mirarse orgullosamente en el espejo y ser parte de los «buenos». La moral queda fuera de cada discusión y del espacio público, y el antropocentrismo ha llegado a un nivel insoportable, cementando el especismo todavía más.
    Pero todo eso, todo nuevo, alternativo, «un poco mejor» queda minoritario, porque entre los 7 mil millones personas que viven actualmente en este planeta la gran mayoría solo quiere uno: «la más grande cantidad por el precio más barato». Así que nada cambia.

  2. Estoy totalmente de acuerdo con lo que dices, no sólo es antropocentrista desde el punto de vista de la explotación animal, tampoco hace mucho bien esa visión machista que se desprende del cuento de la princesa de la Charca con arquetipos en contra de la igualdad con un poso subyacente de «complejo de Edipo» en la conversación que mantiene la «princesita» con su padre más propios de otras épocas con menos cultura integradora, hasta mi marido me dijo cuando lo leyó que este mismo cuento rozaba el discurso homófobo (aunque esto al igual que mucho de lo que has escrito en el blog no lo entiendo muy bien). También rezuma una tendencia anti-feminista a través de su fábula sobre el capitalismo y la rana ¿por qué no utilizar un sapo y una rana? ¡siempre utilizando el género femenino como símbolo de debilidad y supremacía por descarte del macho ibérico (sin ofender a los cohcinos ibéricos de dos patas).Además incluso en su grafismo utiliza guiños fascistas, como el hombre del cuento de la lechera, que parece sacado de la sección femenino de otros régimenes tan despreciables con los colectivos animales a los que tanto procuramos defender, incluso a través de estas líneas escritas a vuela pluma.
    Tampoco es agradable ese sentido del humor que sucumbe ante ilustraciones como la de los pájaros que sentencian: «Jope, se me ha pasado la vida volando» cayendo en tópicos que desprecian los valores propios de cada especie. Me permito no comentar la viñeta «Gran cerdo» y otras ilustraciones que degradan el valor natural de los propios animales como el utilizado en «El niño salvaje de IKEA».
    Por último, sólo diré que me parece poco original al menos recurrir al cuento de «Caperucita roja y el mercado feroz» para describir los avatares de los mercados, porque empiezo a estar harta de que simpre se una la palabra «lobo» a significados fieros, oscuros, tenebrosos y malignos, porque no son sino animales, como el que ha escrito este artículo y la que termina de escribir este comentario ¡por fin!
    P.D.: Yo les mandaría este artículo a los que han editado el libro de los CUENTOS CHINOS de la ECONOMÍA para que sigan su colección con una edición más original que se podría llamar CUENTOS CHINOS de la EXPLOTACIÓN ANIMAL.

  3. Hola Elena Nito, les hemos mandado el artículo y nos han respondido amablemente que aceptan la crítica y que lo revisarán en la próxima edición.

    Gracias por comentar.