Muchos colegios, sin ninguna mala intención, organizan anualmente visitas a zoológicos. Piensan que es una manera ideal para que los alumnos conozcan animales de todo el mundo en un espacio reducido y a la vez se lo pasen bien. De hecho, la inmensa mayoría de los ingresos de estos negocios proceden de las visitas que hacen los adultos con niños, ya sea en el ámbito familiar o en el ámbito educativo.
Desde los zoológicos tratan de atraer a los niños, sus principales clientes con todos los métodos a su alcance. Raro es el zoo que no cuente con programas «educativos». Entre ellos podemos destacar el de Barcelona, el de Madrid, el de Sevilla o el de Guadalajara.
A pesar de ello, cada vez somos más los docentes que pensamos que esta práctica no beneficia ni al alumno, ni a los animales enjaulados. Los motivos son muy diversos.
El primero de ellos es que creemos que los docentes debemos fomentar una educación basada en la igualdad, sin tener en cuenta la raza, el sexo o la especie. Es decir, creemos que los intereses de los individuos, aunque no sean los mismos, deben ser valorados por igual sin tener en cuenta factores arbitrarios como los anteriormente citados. Estos valores de respeto no se pueden transmitir cuando enseñamos a un niño o una niña a divertirse y a «aprender» a costa de la privación de libertad de otro individuo.
Otro problema que se plantea ante la «labor educativa» de estos centros es que no consiguen transmitir cómo es realmente el animal. Para comprender a un animal no basta con verlo y escuchar datos sobre su peso, altura, longevidad, etc. Un animal es él y su entorno. Por ello si queremos conocerlo tenemos que verlo libre, en su hogar. En este sentido, los documentales de naturaleza son unos recursos educativos infinítamente mejores pues logran transmitir su vida en libertad.
Pero el problema no es solo que los centros no logran transmitir la vida del animal en libertad; además ocultan la vida real del animal enjaulado. Si queremos conocer la situación de los animales en los zoológicos debemos recurrir a trabajos de organizaciones como Igualdad Animal que se han molestado en investigarlos.
Los zoos y el resto de espectáculos con animales deben formar parte del pasado, especialmente cuando son utilizados como herramienta educativa. Nuestra tarea como docentes es enseñar a los alumnos a disfrutar y aprender con la libertad de los animales, no con su cautiverio. Pero además, debemos hacerles ver que dado que los niños son los principales clientes, está en su mano ayudar a los animales y hacer que estos lugares desaparezcan cuanto antes.


Para nosotros, padres veganos, se formula la pregunta «dejamos ir nuestra hija al zoo cuando va su clase?».
O mejor preguntado – cual es la mejor manera de dejar claro la propia posición, de abrir una discusión, de ofrecer una vista diferente?
Seguramente a mi hija la causaría una tristza muy grande, quizás pesadillas, al ver animales en condiciones tan malas. Pero dado que se trata de la realidad, estoy dispuesta a acompañarla a través de eso.
Pero quiero al menos entonces que tenga un sentido, que sirve para algo.
Como lo ven otros?
Hola Margit,
Desde Aula Animal pensamos que es bueno mostrar la realidad de los centros de explotación animal cuando el niño/niña ya tienen un cierto grado de madurez (y creemos que son los padres y madres quienes mejor lo conocen).
En cualquier caso hay dos problemas en dejar que tu hija vaya con la escuela al zoo. El primero es que con total seguridad, los guías del zoo y sus maestros le dirán que los animales están bien ahí; solo le mostrarán la “parte positiva” de esos centros de explotación.
El segundo inconveniente es que para ir al zoo hay que pagar y por tanto financiar esos centros.
Por eso, nosotros creemos que, si quieres mostrarle a tu hija la realidad de la explotación animal, visitases tú con ella una granja de cerdos o pollos. Es tan sencillo como parar el coche en la primera granja que veas y pedirle al dueño si podéis entrar. Ahí tú puedes explicarle cómo se sienten esos animales.
Por cierto, si haces esta actividad, intenta hacer fotos y nos cuentas cómo fue la experiencia.
¡Un abrazo y gracias por comentar!
PD: Un profesor de Aula Animal visitó un matadero con un alumno suyo el curso pasado y fue una experiencia que dio muy buenos resultados: http://www.youtube.com/watch?v=7AKUj2HAchM
Hola Margit
Yo dejé a mi hija ir a la salida del Zoo porque no quise que luego no pudiese seguir las acitvidades y comentarios que se hicieran en la escuela sobre la salida. Sin embargo, mi hija sabe que los animales allí no están felices.
Por otro lado, como no me quedé tranquila, decidí hacer un informe por escrito a los maestros explicando las razones por las que opino que una salida al zoo no es educativa. Y después de leerlo, decidieron no hacer más salidas al zoo.
Os animo a todos a hacer algo similar. A menudo, se trata sólo de una falta de información por parte de los docentes.
Un abrazo!
Ruth Zamora
Hola Ruth,
gracias por compartir la experiencia con nosotros. Es fundamental que las madres y los padres hagan saber a los maestros lo que opinan de estas actividades de forma argumentada y educada. Es la mejor manera de que pasen a la historia.
Un saludo
Aula Animal
Hola Ruth, encantada leer que tu informe ha tenido éxito! Acabo de mandar una carta a las maestras del cole de mi hija sobre un libro de lectura que es una pesadilla especista, la respuesta hasta ahora ha sido «gracias por tu comentario» y punto, no sé si todavía llega algo más (y tal vez peor…).
Necesitamos muchos padres que formulan su protesta, que lo dicen de voz alta, esto falta mucho aquí.